Entre el texto y el lector: “La mirada del corrector de estilo no es la del traductor”

Mucho se ha debatido en torno a la corrección de las traducciones. Como el traductor y el corrector son profesionales que comparten diversas competencias (gramaticales, enciclopédicas e informáticas), suele considerarse que el corrector de estilo de textos en español no tiene nada que aportar a una traducción “bien hecha”, pero la realidad es que ese es un concepto falso. De hecho, en aquellos ámbitos en los que ambos profesionales tienen la oportunidad de interactuar, los beneficios suelen ser mutuos, ya que a menudo surge entre ellos una sinergia muy positiva, que redunda en traducciones de mayor calidad. Los inconvenientes solo se presentan cuando no se establecen de manera clara y por anticipado los límites de acción de cada uno de estos profesionales, así como las pautas de trabajo.

La mirada del corrector de estilo no es la del traductor
En primer lugar, hay que decir que la tarea del corrector frente a una traducción no es la de buscar los errores cometidos por el traductor, sino la de corroborar que este profesional, con pleno dominio de la lengua fuente y de la lengua meta, haya logrado plasmar el “contenido” del texto original en un nuevo texto, cuya “forma” se ajuste a la norma de la lengua meta, lo que implica enfocarse en cuestiones como la sintaxis, la ortografía o la puntuación.
Los traductores que valoran el papel de los correctores y se avienen a trabajar con ellos ‒siempre que el tiempo y el presupuesto lo permitan‒, además de asegurar la calidad de sus traducciones, comienzan a ser conscientes de sus propios errores y, de este modo, mejoran su trabajo. En cuanto a los correctores, se les plantea el desafío de estar atentos a los calcos y a los falsos cognados.

Corregirse a sí mismo
El traductor, al igual que el corrector, está obligado a conocer qué se considera correcto e incorrecto en la lengua meta. Pero el hecho de ser capaz de traducir no siempre implica estar preparado para corregir lo que él mismo ha traducido. Para que el traductor pueda desempeñarse también como corrector, es necesario que quiera involucrarse en esa etapa del proceso de traducción y, además, que esté formado y entrenado en esa área específica del trabajo de generación textual. Consultada por la experiencia de corregir su propio libro, Doris Martínez (2017), periodista, escritora y correctora de estilo, respondió de esta manera: “Horrible, no se lo recomiendo a nadie. Dicen que un abogado que se defiende a sí mismo tiene un cliente tonto. Pues un corrector de estilo que se corrige a sí mismo también tiene un cliente tonto. Porque te conoces tan bien ese texto que el cerebro rellena los espacios automáticamente. Lo lees y no lo ves […]”. Es evidente que lo mismo le puede pasar al traductor.
Muchas de las decisiones que toman los traductores cuando traducen se ven afectadas por interferencias subjetivas. Y es precisamente el corrector quien podrá juzgar la traducción desde un punto de vista externo, ya que al desconocer el original en la lengua fuente, inevitablemente asumirá la mirada del lector, destinatario final del texto traducido.
La traducción y la corrección son tareas complementarias. Así lo han entendido en España la asociación de correctores Unico y la asociación de traductores ACE cuando firmaron el Código de buenas prácticas compartidas entre traductores y correctores (2015): “La colaboración y el mutuo entendimiento entre traductores y correctores son fundamentales para el respeto y aprecio del trabajo de cada uno de los sectores profesionales y, sobre todo, para la calidad de la obra publicada y el consiguiente servicio al lector y a la cultura”. Esta complementariedad implica que el traductor traduce y revisa su propio texto como si no hubiera corrector, y el corrector corrige como si ese texto no fuera una traducción. La traducción busca trazar un puente entre dos mundos: el del autor y el del lector, puente que el corrector colabora a erigir, siempre al servicio del lector.
“El corrector, entre el texto y el lector” es, precisamente, el lema del 5.° Congreso Internacional de Correctores de Textos en Español (#5CICTE), que se llevará a cabo en la ciudad de Colonia, Uruguay, los días 16, 17 y 18 de noviembre de 2018. Este lema, elegido de común acuerdo entre AUCE y PLECA (las asociaciones de correctores de Uruguay y Argentina, organizadoras del congreso), pone de relieve que es el lector el destinatario final de todos los esfuerzos profesionales por parte de correctores y traductores. Los ejes temáticos propuestos para este congreso destacan las problemáticas que actualmente enfrentan tanto correctores como traductores. Han confirmado su participación importantes personalidades de la lengua española, la corrección y la traducción de textos. Toda la información sobre el #5CICTE se encuentra disponible en el sitio http://5cictecongresocorrectores.org/. Están todos invitados.

* Nota publicada por la AATI en el número de febrero-marzo de su publicación Calidoscopio. Escrita por Valeria Colella, miembro de la Comisión Organizadora del #5CICTE y de PLECA – Profesionales de la Lengua Española Correcta de la Argentina.
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